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AIE: La demanda de energía caerá un 5 % en 2020 y las emisiones un 7 %

martes, 13 de octubre de 2020 | Mitigación

 

La demanda de energía se reducirá este año en un 5 % y las emisiones en un 7 % como consecuencia de la crisis del nuevo coronavirus, que tendrá efectos duraderos y modificará las tendencias para la próxima década, en la que habrá un retroceso del carbón y el crecimiento del petróleo tocará a su fin.

Estas son algunas de las principales proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que en su informe anual de perspectivas publicado este martes presenta cuatro escenarios diferentes ante la gran incertidumbre sobre la recuperación y ante la posibilidad de generar políticas para acelerar la transición energética.

De entrada, en su diagnóstico más inmediato para 2020, año en el que la inversión en el sector de la energía se va a desplomar un 18 %, la AIE calcula que el consumo global de petróleo caerá un 8 %, el de carbón un 7 % y el de gas natural un 3 %, mientras que las renovables tendrán una pequeña progresión.

La menor contribución de los combustibles fósiles rebajará las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en 2,4 gigatoneladas, que volverán al nivel de hace una década, aunque la contaminación no descenderá en la misma medida en el caso del metano, otro importante gas de efecto invernadero.

Si antes del golpe de la COVID-19 la agencia proyectaba un incremento de la demanda de energía del 12 % entre 2019 y 2030, ahora ha revisado a la baja ese porcentaje para dejarlo en el 9 % en caso de que la economía global pueda recuperar en 2021 el nivel anterior a la crisis y en el 4 % si esa recuperación no llegara hasta 2023.

En uno y otro escenario, el crecimiento se concentraría en la producción eléctrica con renovables, con un 80 % del total de aquí a 2030, y de forma muy particular en la energía solar fotovoltaica, cuyos costes de generación son ahora ya más baratos en muchos países que en las plantas de carbón o de gas.

La AIE hace hincapié en que si bien la crisis ha reducido las emisiones de efecto invernadero, también corre el riesgo (por una menor inversión) de retrasar muchas decisiones y políticas para una transición energética hacia un futuro más sostenible.

Así por ejemplo, ha calculado que si las infraestructuras energéticas existentes (centrales eléctricas o coches en circulación) se siguen operando como en el pasado, eso contribuirá a una subida adicional de la temperatura global de 1,65 grados.

De ahí que insista en su Plan de Recuperación Sostenible, con el que gracias a una inversión adicional de un billón de dólares anuales entre 2021 y 2023 en redes eléctricas, electricidad con bajas emisiones o eficiencia energética, 2019 sería el pico máximo de emisiones de CO2 en la historia. 

 

Fuente: EFE verde