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América posee 40 % de la capacidad productiva de los ecosistemas

lunes, 27 de mayo de 2019 | Mitigación

Según el informe de la IPBES, el continente americano es el más rico en recursos medioambientales, pero produce el 22,8 % de la huella medioambiental global.

El último informe de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES por sus siglas en inglés) da cuenta del deterioro que viene aquejando a los ecosistemas globales. Desde 1900 la abundancia promedio de especies se ha visto en declive a una tasa muy elevada. El costo de esta pérdida para los seres humanos aún es incalculable con exactitud, pero hay algunas aproximaciones.

Andrés Vargas Pérez, profesor de Economía de Uninorte, explica que los beneficios de la naturaleza para las personas se deben entender como “todo aquello que los humanos obtenemos como consecuencia del funcionamiento de los ecosistemas. Beneficios que no solo se limitan a recursos naturales, como los alimentos o las fuentes de energía, sino que también contempla aspectos no materiales que son constitutivos de nuestro bienestar e identidad”.

El informe de la IPBES da cuenta de la ventajosa distribución de bienes medioambientales que tiene el continente de las Américas: posee cerca del 40% de la capacidad productiva de los ecosistemas mundiales de bienes naturales consumidos por la gente, como el agua, el aire limpio o alimentos, entre otros. Al tiempo, alberga solo el 13 % de la población mundial, lo que nos da tres veces más de estos bienes per cápita, si comparamos con el ciudadano mundial promedio.

Que el hecho de que cada habitante del continente americano sea tres veces más rico en recursos naturales que cualquier otro habitante del resto de continentes, es una razón para considerarnos privilegiados. David Díaz, profesor de Economía, señala que este dato puede pasar de ser optimista a desalentador si lo observamos en términos distributivos.

“La distribución continental norte-sur de este 40 % es muy desigual: Estados Unidos y Canadá utilizan las tres quintas partes de la capacidad productiva de los ecosistemas americanos, sin contar con la utilización que hacen de los ecosistemas de otros continentes por medio de sus inversiones exteriores en minería y commodities agropecuarias”, dice Díaz.

El informe de la IPBES indica que con los procesos industriales y nuestras formas de consumo estamos excediendo la capacidad regenerativa de la naturaleza. En América se gesta el 22,8 % de la huella medioambiental, siendo Norte América la causante del 63 % de esa proporción, es decir, el 14,4 % del total mundial, aun cuando allí solo habita el 4,9 % del total de la población.

El profesor Vargas explica que la huella medioambiental hace referencia a la cantidad de recursos materiales y energía que se requieren para satisfacer nuestros patrones de consumo. “Un mayor nivel de consumo, así como un consumo de bienes y servicios con mayor nivel de procesamiento, implican mayor demanda de recursos y energía”.

“Todas nuestras decisiones de consumo tienen implicaciones que van más allá de lo que usualmente alcanzamos a percibir directamente”, agrega Vargas, quien considera que el cambio en el uso de la tierra es uno de los principales detonantes de la pérdida de biodiversidad, incluso superior al cambio climático.

En Colombia la deforestación se ha convertido en un detonante para la extinción de especies de fauna y flora. De acuerdo con Díaz, recientemente se ha reportado que más de la mitad de especies de árboles de la Amazonía están en peligro de desaparecer, por lo que la lista roja de especies forestales en peligro, que publica la IUCN, va en aumento. “Un tercio de las 15.000 especies forestales amazónicas están bajo amenaza, entre ellas las castañas de pará, palmitos y azaí; este último tan de moda hoy en la preparación de postres de la gastronomía naturista y dietética. La mitad de la deforestación amazónica proviene de proyectos agroindustriales de soya y palma de aceite. El resto, de acciones ilegales”, dice Díaz.

Por su parte, Vargas agrega que los procesos de deforestación para aprovechamiento de maderas o ampliación de la frontera agropecuaria afecta negativamente la estabilidad en la oferta de recurso hídrico así como en la calidad del agua. De modo que para los expertos las medidas y políticas para disminuir la degradación ambiental deberían orientarse a modificar tanto los patrones de producción como los de consumos. “Esto requiere un abanico amplio de instrumentos económicos y normativos así como de iniciativas de educación que nos ayuden a modificar hábitos”, concluye Vargas.

Potencial desaprovechado

Dada la riqueza biológica del área continental y marina de Colombia, la sociedad colombiana ha disfrutado de una base natural privilegiada para apalancar su bienestar. Desafortunadamente, el manejo que como sociedad hemos hecho de dicha base natural nos está privando hoy en día de mayores beneficios y restringiendo las posibilidades de las generaciones futuras.

 

 

Fuente: El Heraldo