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Así es como Alemania le dice adiós al carbón y transita hacia las energías renovables

lunes, 06 de marzo de 2017 | Mitigación

Alemania permanece firme en su decisión de transitar hacia las energías limpias, aun con la paradoja que plantea el uso provisional de un tipo de carbón mientras se instala más capacidad renovable y el gran costo de los subsidios a las energías renovables, los cuales son pagados por los ciudadanos.

Es por eso que los alemanes redoblan esfuerzos reimpulsando los aciertos y revisando qué ha ido mal.

Mientras que el lignito –el carbón utilizado en esta transición energética– sigue siendo un asunto contencioso, Alemania está dando un golpe de determinación en el área del carbón duro (antracita), el cual será suspendido definitivamente en 2018.

Esto representa un gran paso para la nación que fue pionera de la revolución industrial basada en carbón, y donde esta actividad extractiva ha permeado en lo más hondo del carácter popular.

En el sur de Renania del Norte, en la frontera con Bélgica, plenamente influenciada por la herencia industrial de la región del Ruhr, la mina de carbón de Ibbenbüren cuenta los días para su desactivación.

En Renania del Norte –al este de Alemania–,  una de las dos últimas minas de carbón, Ibbenbüren, tiene los días contados para su desactivación, luego de que en 2011 el gobierno alemán y la Unión Europea acordaron un plan para el cierre de las plantas de este tipo de carbón.

“Es muy triste. Es como asistir a nuestro propio final”, asegura Friedhelm Hundertmark, líder local del sindicato minero y encargado de negociar las condiciones de los mineros para alcanzar el apagón.

En 2014, Alemania sólo produjo 7.6 millones de toneladas de antracita, a diferencia de los 150 millones que llegó a producir en 1957, antes de que el declive comenzara, según el último reporte de la Asociación Alemana de Carbón.

Presión hace competencia

La transición energética ha transformado totalmente el panorama del suministro de energía en Alemania.

En 1990, un consumidor solo tenía una opción para comprar su energía, debido a la concentración del sector. Para este año, las opciones rondan las 150. Esto se debe, fundamentalmente, a la liberalización del sector.

Pero en todo cambio hay ganadores y perdedores, y las perdedoras de la descentralización del sector y de la Energiewende han sido las empresas tradicionales de electricidad. Las “cuatro grandes” —como llaman en Alemania — pasaron de ser dueñas absolutas del mercado energético a tener apenas 12% de la participación en el total de energías renovables, mientras sus activos energéticos tradicionales están siendo desplazados.

Pero no se entiende la reducción de las grandes corporaciones energéticas sin la emergencia de nuevos competidores, muchos de los cuales son empresas administradas por los municipios. Sólo entre 2005 y 2014 fueron creadas 72 de estas últimas.

Detonando la innovación

Sin minimizar los cambios en los sectores claves de la energía alemana, el terremoto económico generado por la transición energética ha abierto grietas de oportunidad donde la innovación empieza a florecer. Se trata de una relación ganar-ganar, un efecto secundario en la economía bien recibido entre políticos, emprendedores y buscadores de empleo.

La energía del pueblo

Pero más allá del gran capital y la esfera política, la determinación de la Energiewende tiene un acento de colectividad. Esto queda asentado en ejemplos como el de Saerbeck, una localidad de 7 mil 200 habitantes ubicada apenas a 15 kilómetros de Ibbenbüren y su agonizante mina de carbón duro.

Impulsados por el accidente en Fukushima, la población buscó la neutralidad de carbono mediante una transición a renovables. No solo la consiguió, sino que ahora produce más del doble de la energía que consume. El excedente es vendido.

Visitantes de todo el mundo acuden al pueblo para conocer su central térmica con fachada de vidrio —diseñada así para transparentar su esfuerzo hacia las renovables—, sus experimentos de eficiencia energética y sus proyectos educativos. Sin embargo, la joya de esta localidad sustentable tiene un nombre persuasivo en la era de la sustentabilidad: el Bioenergiepark o bioparque energético.

Ubicado sobre una antigua armería militar, a cuatro kilómetros del pueblo, el bioparque despliega siete generadores eólicos, un complejo de energía solar, dos plantas de biogás y otra de composta.

El sello del lugar son los 68 búnkers abandonados, los cuales sirven de base a un mismo número de paneles fotovoltaicos con los que Saerbeck ordeña energía al sol. “Era el antiguo depósito de las municiones de Alemania del Este. El Ejército no sabía cómo demolerlo”, recuerda el alcalde del pueblo Wilfried Roos.

La capacidad de generación conjunta alcanza los 55 MW, mientras que el consumo promedio no rebasa los 20. Es decir, el pueblo genera casi 150% más energía de la que ocupa. Otras 24 hectáreas del parque fueron consagradas a la creación de una reserva natural.

El carácter comunitario de este proyecto está asegurado también en su modelo administrativo, una cooperativa en la que cada uno de sus casi 400 miembros es también propietario. “Cada miembro tiene derecho a decidir sobre la compañía”, explica Ansgar Heilker, miembro de la junta de supervisión y uno de los nueve cooperativistas fundadores de la compañía.

Solo en el sector de las energías renovables, Alemania cuenta con más de 850 cooperativas y más de 150,000 agremiados. Las empresas participan en fases tan diversas del sector como producción, transmisión, mantenimiento de las redes y comercialización.

Debido a su tenacidad, Saerbeck ha sido distinguido en varias ocasiones, la más importante en 2010, cuando ganó el Premio Europeo de Energía.

Punto de no retorno

Bajo el mandato de su Acta de Energías Renovables (Erneuerbare Energien Gesetz o EEG en alemán), Alemania debe tocar varias postas en el camino a 2050. La más cercana es alcanzar una participación de 40 o 45% de estas energías en 2025, luego 55 o 60% para 2035 y finalmente 80 o 95% para 2050.

La tarea es monumental, pero los analistas se muestran confiados con el desarrollo de las energías renovables hasta ahora.

“Con los precios en caída de las tecnologías de energías renovables y el renovado momento en las negociaciones climáticas internacionales, el Energiewende podría haber alcanzado un ‘punto de no retorno’ en Alemania y globalmente”, concluye sobre el economista Sascha Samadi.

Los objetivos de la transición se han cumplido a pesar de los altibajos en el camino. Ahora la Energiewende entra en su madurez, reanimada por la determinación de los Acuerdos de París, que exhorta a prácticamente todos los países del mundo a seguir una ruta similar a la de Alemania y así lograr detener el cambio climático bien por debajo de los 2oC. En esta etapa deberá esforzarse más para alcanzar los objetivos restantes que a convencer a los escépticos.

Sin embargo, los obstáculos en el horizonte no son pequeños. El mismo gobierno federal regatea para conformarse con el objetivo de 80% de renovables, y no el 95% demandado por activistas. En tanto, los cabilderos de las grandes corporaciones continúan minando legislaciones vanguardistas en Berlín.

“La Energiewende está en marcha, pero el viaje apenas ha comenzado”, concluye Samadi.

 

 

Fuente: Animal Político