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Así será la política climática de la administración Biden

miércoles, 20 de enero de 2021 | Mitigación

 

Cuando Joe R. Biden haga el juramento presidencial, su bandeja de entrada estará llena. Hay una pandemia incontrolada; una economía para resucitar; y los escombros legales y políticos de la administración Trump para aclarar. Sin embargo, muchos se centrarán en las ambiciosas políticas climáticas de Biden; si las puede implementar; y sus probables resultados.

Mientras toma el timón del segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, los objetivos climáticos de Biden se centran en crear una economía estadounidense de emisiones netas cero de carbono para el año 2050 a través del hito de un sistema de electricidad sin emisiones para el 2035.

Para llegar allí, y en el proceso el compromiso de crear un “boom” de empleos y gastar 2 billones de dólares,  espera que su administración se centre en tres pilares: un importante esfuerzo infraestructural para aumentar el peso de la energía renovable y la infraestructura de transmisión en el sistema eléctrico; eficiencia energética en el sector de la edificación con un aumento asociado en el empleo en construcción; y transporte mejorado, destacando la infraestructura de vehículos eléctricos (EV) y conexiones ferroviarias de alta velocidad.

Debido a que EEUU se ha quedado rezagado en la capacidad de ‘transición energética’, particularmente en energías renovables y ferrocarriles de alta velocidad, las políticas de Biden durante su primer mandato presentarán oportunidades significativas para empresas extranjeras que miran al mercado estadounidense.

A pesar de cuatro años de intentos de la administración Trump de socavar la trayectoria climática de EEUU, incluso su retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático de 2016 y un ataque sostenido a la regulación ambiental, las emisiones de CO2 de EEUU han seguido disminuyendo. La Administración de Información de Energía (EIA) estima que las emisiones anuales de CO2 del país cayeron alrededor de un 17% desde su máximo de unos 6.000 millones de toneladas en 2007 a 2019; y que las emisiones en 2020 cayeron un 11% más, inclinadas a la baja por la pandemia COVID.

Estas caídas fueron lideradas por el colapso de la generación de energía a base de carbón. Según la EIA, la generación de energía a carbón de EEUU disminuyó en un 56% entre 2011 y 2019; y en un 23% durante los primeros tres años de la administración de Trump, ya que los productores de energía continuaron cerrando plantas de carbón a favor de instalaciones de gas natural y, más recientemente, de renovables. La EIA calcula que la capacidad eólica y solar representó un 76% en el conjunto de la nueva generación de energía instalada en los EEUU en 2020.

Ese ímpetu del sector energético ayudará a la maltrecha imagen climática de Estados Unidos cuando vuelva a unirse al Acuerdo de París, como Biden prometió hacer en el «primer día» de su mandato. Pero el seguimiento del gobierno central será difícil: el partido Demócrata de Biden tiene sólo una pequeña mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes y requerirá algo de apoyo del ahora opositor partido Republicano para aprobar importantes leyes y gastos climáticos. Dicho eso, Biden podrá apoyarse en herramientas administrativas, por ejemplo en órdenes ejecutivas como por ejemplo eliminar las emisiones de metano, o en la dirección de las políticas de contratación pública (el gobierno de los EEUU gasta 500.000 millones de dólares al año en adquisiciones) con el fin de establecer la dirección de la política de forma gradual.

Además, ese inesperado apoyo puede presentarse en muchos estados tradicionalmente republicanos que, siendo entre los más afectados por la pandemia COVID a su vez, como Texas, albergan grandes recursos eólicos y solares que han sido hasta ahora sólo parcialmente desarrollados. Debido a que la estructura de la industria de suministro de electricidad en EEUU es en gran medida basada en las administraciones de los estados, los reguladores pueden fuertemente enfatizar el fomento de energías renovables u otras iniciativas.

Por ejemplo, 11 estados en el este de EEUU han formado de forma independiente la Iniciativa Regional de Gases de Efecto Invernadero (RGGI), que ha operado durante el mandato Trump para limar la producción de gases de efecto invernadero de los estados miembros en un 10%. Una vez dominada por los Republicanos, el estado de Virginia en 2020 impulsó por legislación estatal un mandato de un sistema eléctrico libre de emisiones de CO2 para el año 2050.

El programa Biden podrá acelerar la descarbonización del sector eléctrico. Fuentes del sector eléctrico piensan que un objetivo del 2035 para la descarbonización del mix eléctrico será el funeral de la nueva generación eléctrica a base de gas en la mayor parte de los EEUU, en beneficio de las energías renovables y del almacenamiento de energía y la infraestructura para entregarlos.

Los objetivos de Biden indican que su administración favorecerá la extensión de los subsidios del Crédito Fiscal a la Inversión (ITC) y el Crédito Fiscal a la Producción (PTC) para las instalaciones solares y eólicas, además de favorecer la mejora de las instalaciones de transmisión de electricidad y almacenamiento de energía.

A pesar del énfasis de Biden en reconstruir la industria estadounidense y favorecer a las empresas nacionales en el suministro de equipos para implementar sus nuevas políticas, se puede esperar que un impulso en la demanda generado por estas políticas favorezca en el corto plazo a los fabricantes no estadounidenses.

Es probable que Biden encare la promoción de proyectos de eficiencia energética en el sector de la edificación, donde el empleo puede ayudar a que la economía gravemente dañada se mueva nuevamente para superar la destrucción provocada por la pandemia de la COVID. El bufete de abogados Clifford Chance señala que Biden tiene la intención de actualizar el sector de los edificios comerciales y mejorar la eficiencia energética en los hogares de los EEUU. Los edificios representan alrededor del 40% de las emisiones de CO2, pero la construcción puede contribuir con la creación de miles de puestos de trabajo. Según BW Research Partnership, el sector de la eficiencia energética había perdido casi 337.000 puestos de trabajo en septiembre en comparación con el año anterior como resultado de la contracción económica por la COVID; y habrá fuertes intentos para que esos trabajadores vuelvan al redil lo antes posible.

En transporte, la administración Biden espera mantener estrictos estándares de eficiencia de combustible para vehículos convencionales e incentivar la instalación de medio millón de estaciones de carga para vehículos eléctricos, intentando impulsar la penetración de automóviles eléctricos. Los trenes de alta velocidad, que durante mucho tiempo ha sido un sueño de los fabricantes europeos como Talgo, Siemens y Alstom, también es una prioridad de la nueva administración.

En el frente internacional, el nombramiento del veterano legislador y diplomático John Kerry como enviado internacional para asunto climáticos sugiere que la administración utilizará la política de cambio climático como una palanca para volver a interactuar con aliados tradicionales y otros para aliviar las tensiones provocadas por la administración de Trump.

 

Fuente: El periódico de la energía