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Balsas y estanques temporales emiten CO2 incluso cuando están secos

lunes, 19 de febrero de 2018 | Mitigación

Las balsas y estanques temporales emiten dióxido de carbono (CO2) de modo natural durante todo el año incluso cuando no tienen agua y las zonas secas son precisamente las que liberan mayor cantidad hacia la atmósfera.

Este fenómeno, descrito ahora por primera vez, podría tener implicaciones en el ciclo global del carbono que controla el clima en la Tierra, según un trabajo dirigido por el profesor Biel Obrador, de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, y Núria Catalán, del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA).

El nuevo artículo, publicado en la revista 'Scientific Reports', cambia el paradigma clásico sobre el papel de balsas y estanques temporales como fuentes de emisión de carbono a la atmósfera y su impacto en el efecto invernadero del planeta.

El rol de las aguas continentales en el ciclo global del carbono es aún bastante desconocido a pesar de su importancia, en especial en sistemas acuáticos pequeños o temporales (con periodos sin agua).

Este trabajo es uno de los primeros estudios publicados sobre los flujos de carbono a lo largo del ciclo hidrológico de sistemas acuáticos temporales, con un especial interés tanto en las áreas inundadas como en las zonas de sedimentos no cubiertas por agua (incluso durante la fase seca en verano).

"Hasta hace una década se consideraba que las aguas continentales tenían un papel irrelevante en los flujos globales con la atmósfera, como consecuencia de la pequeñísima superficie que ocupan en comparación con los grandes compartimentos planetarios de carbono (como los océanos)", indica Biel Obrador, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Barcelona, y primer autor del trabajo.

Obrador añade que, "aunque las pequeñas balsas y estanques -que a menudo no superan las dimensiones de una pista de baloncesto- son los ecosistemas lacustres más frecuentes en el planeta, el grueso del conocimiento sobre el ciclo de carbono en aguas dulces estancadas proviene todavía, sobre todo, de grandes lagos de carácter permanente (con agua todo el año)".

AGUAS CORRIENTES

En el estudio, los expertos han analizado los flujos de CO2 y metano (CH4) -dos gases con un poderoso efecto invernadero- en balsas temporales de pequeñas dimensiones en la isla de Menorca, con unas condiciones muy variadas y unos hidroperiodos (duración de la fase con agua) que oscilaban entre varios meses y varios días o semanas.

Los investigadores afirman que las balsas temporales emiten CO2 durante todo el año y la cantidad que liberan (cerca de dos kilogramos por metro cuadrado y año) es similar a la que emiten las aguas corrientes con más turbulencia (ríos, arroyos y torrentes), un valor que triplica el flujo de dióxido de carbono procedente de lagos, embalses y lagunas permanentes.

"Los flujos de emisión de estos gases son el resultado de los procesos biogeoquímicos que tienen lugar en esos ecosistemas, especialmente por la actividad biológica de las comunidades microbianas. Según las condiciones ambientales y la composición de la materia orgánica, estos microorganismos producen gases como el CO2 y el CH4 como resultado de la respiración de la materia orgánica del sedimento", detalla Obrador.

En un mundo afectado por el cambio global, la frecuencia y la intensidad de las sequías podrían aumentar considerablemente en algunas zonas del planeta. Este fenómeno podría acelerar el desecamiento y la desaparición de muchos sistemas acuáticos, tal como se observa hoy en día en algunos lagos. En este escenario, las emisiones de carbono desde estas extensas áreas de sedimentos emergidos podrían ser (como mínimo, en una primera fase) muy relevantes para el ciclo global del carbono.

En el trabajo, financiado por el Instituto Menorquín de Estudios, también participaron Lluís Gómez Gener (Universidad de Barcelona) y otros expertos del ICRA, la Universidad de Girona, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Upsala (Suecia), el Centro Helmholtz de Investigación Medioambiental (Alemania) y la Universidad de Umea (Suecia).

 

 

Fuente: Ecodiario