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Cambio climático: las consecuencias que el derretimiento del hielo del Ártico

martes, 30 de julio de 2019 | Adaptación

El invierno del hemisferio norte de 2018/2019 estuvo dominado por los titulares que despertó el llamado "vórtice polar", ya que las temperaturas se desplomaron inusualmente muy al sur en América del Norte.

En la localidad South Bend, Indiana, llegó a -29 grados centígrados en enero de 2019, el doble del anterior mínimo de la ciudad, registrado en 1936.

Sin embargo, esas historias enmascaran el fenómeno contrario que se dio en el extremo norte, más allá del círculo polar ártico.

Ese mismo mes de enero de 2019, se vio un promedio de 13,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo marino en el Ártico, unos 860.000 kilómetros cuadrados por debajo de la media registrada entre 1981 a 2010, y solo ligeramente por encima del mínimo histórico alcanzado en enero de 2018.

Es decir, el Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del mundo (en parte debido a la pérdida de la reflectividad solar).

En noviembre, cuando las temperaturas deberían haber sido de -25 °C, se registró una temperatura de 1,2 °C, por encima de la congelación en el Polo Norte.

"Estamos viendo un gran aumento en el deshielo del permafrost", confirma Emily Osborne, gerente del programa para el Programa de Investigación del Ártico, NOAA, y editora del Informe del Ártico, un estudio ambiental anual.

Como resultado directo del aumento de la temperatura del aire, dice, el permafrost se está descongelando y "como resultado los elementos del paisaje habitual se están desmoronando físicamente".

"Las cosas están cambiando muy rápido y de una manera que los investigadores ni siquiera habían anticipado", afirma Osborne.

El titular del Informe de Evaluación del Ártico de 2017 no dejaba lugar a dudas.

"El Ártico no muestra signos de volver a ser una región congelada de forma estable".

Un artículo en colaboración con Hanne Christiansen, profesora y vicedecana en la University Center Svalbard, Noruega, estudió las temperaturas del permafrost a una profundidad de 20 metros y las temperaturas recogidas por el equipo han aumentado hasta 0,7 °C desde 2000.

Christiansen, que también es presidente de la Asociación Internacional de Permafrost, cuenta que "las temperaturas están aumentando dentro del permafrost a una velocidad relativamente alta. Así que, por supuesto, lo que estaba congelado permanentemente puede aparecer".

En 2016, las temperaturas de otoño en Svalbard permanecieron por encima de cero durante todo noviembre.

"Es la primera vez que esto pasa desde que tenemos registros, que comenzaron en 1898", dice Christiansen.

"Luego, cuando aquí normalmente nieva, llegaron lluvias. Tuvimos deslizamientos de lodo que cruzaron las carreteras durante cientos de metros. Incluso tuvimos que evacuar algunas partes de la población".

Hielo que se convierte en estanques

Lo que sucede con el permafrost norteamericano es igualmente alarmante.

"En algunos lugares del Ártico de Alaska, vuelas sobre lo que parece un queso suizo que mezcla tierra y lagos formados por el colapso del suelo", dice Natali, cuyo trabajo de campo se ha trasladado de Siberia a Alaska.

"El agua que estaba cerca de la superfcie ahora forma estanques".

Muchos de estos estanques rebosan de metano, ya que los microbios se encuentran repentinamente con un banquete de materia orgánica antigua para comer, liberando metano como producto secundario.

"A menudo caminamos por los lagos porque son muy poco profundos. En algunos lugares es como si estuvieras en un jacuzzi, porque hay mucho burbujeo", dice Natali.

Pero el metano y el CO2 no son las únicas cosas que se liberan del suelo cuando éste se descongela. En el verano de 2016, un grupo de pastores nómadas comenzó a enfermarse a causa de una misteriosa enfermedad. Comenzaron a circular rumores sobre la "plaga siberiana", vista por última vez en la región en 1941.

Cuando murió un niño y 2.500 renos, se identificó la enfermedad: ántrax. Su origen fue un cadáver de reno descongelado, víctima de un brote de ántrax hace 75 años.

El informe sobre el estado del Ártico de 2018 especula que virus de "enfermedades como la gripe española, la viruela o la gripe, que se han exterminado de la faz de la tierra, pueden estar congelados en el permafrost".

 

Fuente: BBC Mundo