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Canadá y América Latina: juntos contra el cambio climático

lunes, 10 de julio de 2017 | Adaptación

Tras el anuncio del presidente Donald Trump de retirar a los Estados Unidos del Acuerdo de París, Canadá se encuentra bajo cierta presión para que trabaje más estrechamente con Brasil, México y Argentina, llenando así el vacío de liderazgo en el Hemisferio Occidental.

Tras la retirada de Estados Unidos, Canadá no tiene la capacidad de asumir al cien por ciento el liderazgo para afrontar el calentamiento global. Sin embargo, puede ayudar a reducir la presión, dada la importancia del tema para el primer ministro Justin Trudeau y para la mayoría de sus homólogos en el hemisferio.

América Latina padecerá aún más los efectos del cambio climático si la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París debilita la lucha mundial contra el calentamiento global. La región ya ha sido golpeada por eventos climáticos extremos, cuya frecuencia e intensidad son cada vez mayores gracias a este fenómeno.

A principios de este año, el fenómeno climático conocido como El Niño causó fuertes lluvias en Perú y Colombia, resultando en inundaciones y deslizamientos de tierra catastróficos que cobraron la vida de más de 400 personas, así como una pérdida multimillonaria por daños a la infraestructura y viviendas. Por otro lado, miles de bolivianos se encuentran refugiados tras la desaparición del lago Poopó en 2016.

¿Qué se puede hacer para encarar el cambio climático? Canadá podría asumir el liderazgo en el hemisferio de varias maneras. En primer lugar, Canadá puede aumentar el financiamiento para apoyar a la región en la construcción de infraestructura resistente al cambio climático y de baja emisión de dióxido carbono (CO2). América Latina requiere una inversión de miles de millones de dólares al año para satisfacer la demanda de infraestructura, incluyendo sistemas de transporte y saneamiento que sean resistentes al clima y de bajas emisiones de CO2.

La brecha financiera probablemente se ampliará en vista del anuncio del gobierno estadounidense de suspender los pagos al Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés), que brinda ayuda a los países para reducir emisiones y adaptarse al impacto del cambio climático. Hasta ahora, los Estados Unidos han contribuido con $1,000 millones de un total comprometido de $3 mil millones. Aún no se ha decidido si Estados Unidos aportará el resto de las contribuciones financieras para contrarrestar el cambio climático, pero el pronóstico no es muy alentador.

Canadá no puede compensar la cantidad faltante, pero podría aumentar su apoyo hacia los bancos multilaterales de desarrollo, que cuentan con una gran experiencia en la planificación de proyectos de infraestructura. El Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, por sus siglas en inglés), por ejemplo, actualmente diseña proyectos en América Latina para apoyar la implementación de los planes nacionales de cambio climático en cada país.

En concreto, Canadá podría aumentar su contribución al Fondo Climático Canadiense para el Sector Privado de las Américas (C2F, en inglés), que pronto necesitará reabastecerse. El fondo, administrado por la Corporación Interamericana de Inversiones (IIC, también por sus siglas en inglés), apoya proyectos de energía renovable y resiliencia climática.

En segundo lugar, Canadá podría brindar asistencia técnica para auxiliar a los países en el diseño de estrategias a largo plazo, enfocadas en proyectos de baja emisión de CO2. En el Hemisferio Occidental, sólo los Estados Unidos, Canadá y México han publicado sus planes, pero Brasil, Colombia, Costa Rica y Chile están dispuestos a seguir la pauta.

Los países antes mencionados preparan estas estrategias como parte del Acuerdo de París. Para ello necesitarán trazar un plan para alcanzar la meta de cero emisiones en 2050, y limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 grados centígrados (34.7 grados fahrenheit), objetivo establecido en París. Estos planes pueden ayudar a los países a alinear mejor las decisiones que tomen en el corto plazo, tomando en cuenta los beneficios que resulten de reducir las emisiones ahora y en el futuro. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la adopción de medidas apropiadas contra el cambio climático podría aumentar el Producto Interno Bruto (PIB) de los países que conforman el G20 en 2.8% en promedio en 2050. El diseño de estas estrategias también sirve para enviar una fuerte señal a los inversionistas, por parte de los gobiernos comprometidos con transitar a un esquema de bajas emisiones de carbono.

En tercer lugar, Canadá podría trabajar con los países de América Latina y el Caribe en las negociaciones de las Naciones Unidas sobre el cambio climático con el fin de impulsar un marco de referencia transparente y sólido. La finalización de este marco está programada para el próximo año y es esencial para crear una plataforma de confianza que permita a los países observar lo que otras naciones están haciendo para avanzar los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París.

El avance en materia de transparencia sería de gran utilidad para que los países aumenten la meta hacia un objetivo más ambicioso dentro de sus planes nacionales de cambio climático hasta el año 2030. Estas promesas aún se quedan cortas si el objetivo es minimizar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados y, por lo mismo, deben ampliarse antes del 2020.

En cuarto y último lugar, el gobierno canadiense podría ayudar a promover en la región aquellas actividades que desempeñan las empresas de tecnología limpia en el país del norte, asumiendo un rol fundamental para incrementar los esfuerzos en torno al despliegue de energía renovable y la adopción de medidas para mejorar la eficiencia energética.

Una cooperación más estrecha en la implementación del Acuerdo de París, tanto para Canadá como para América Latina, significaría alcanzar un objetivo común y vital, a la par de abanderar un esfuerzo multilateral con éxito.

 

 

Fuente: El nuevo día