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¿Cómo mejorar los cultivos para hacer frente al cambio climático?

lunes, 19 de octubre de 2020 | Mitigación

 

Las plantas tienen una serie de mecanismos únicos que les permiten captar las señales de temperatura, humedad, luz de las diferentes estaciones, interpretarlas y reprogramar su genoma para poder decidir cuál es el momento óptimo para germinar y florecer. Sin embargo, el cambio climático está alterando drásticamente las condiciones para las que evolucionaron, haciendo que las temperaturas y los regímenes de lluvias sean cada vez más extremos. Y eso supone un reto para el crecimiento de vegetales y sistemas agrícolas.

En este sentido, Julia Qüesta, investigadora junior al frente del laboratorio de desarrollo de plantas y epigenética del Centro de Investigación Agrigenómica (CRAG) estudia “cómo pueden germinar las plantas, pasar de semilla madura a plántula adulta entendiendo señales para así manipular la expresión de sus genes para adaptarse o crecer en condiciones cambiantes”.

En particular, investiga cómo la planta silencia genes de desarrollo de semilla, o genes embrionarios. Durante la germinación, estos genes se apagan de manera muy eficiente y deben permanecer inactivos toda la vida de la planta para que ésta sobreviva. Estos procesos moleculares de silenciamiento de genes por períodos prolongados de tiempo se conocen como mecanismos epigenéticos. El silenciamiento epigenético es clave para modular el desarrollo y es lo que Qüesta y su equipo estudian usando Arabidopsis thaliana, la planta modelo por excelencia, que tiene un genoma muy pequeño del que se conocen gran parte de sus genes.

“Algunos genes que se apagan permiten a la planta durante la maduración de la semilla acumular proteínas y lípidos para que, cuando se seque, pueda permanecer tiempo así hasta que sea sembrada y germine. Si esos genes se reactivaran luego de la germinación, la planta no sería viable”, explica Qüesta que destaca que su objetivo final a largo plazo es poder manipular esos mecanismos epigenéticos para obtener cultivos mejorados genéticamente que sean capaces de adaptarse a los ambientes cambiantes.

“Por ejemplo, algunos genes están relacionados con la resistencia a la deshidratación. En condiciones de sequía, sería interesante que no se apagaran de manera tan eficiente, para que la planta fuera capaz de germinar en climas más áridos”, apunta Qüesta.

 

Fuente: La Vanguardia