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Contaminación lumínica, la peligrosa luz que amenaza la biodiversidad

lunes, 30 de marzo de 2020 | Adaptación

 

Desorientación, trastornos de la rutina, desplazamiento a otros hábitats, desajustes en la cadena trófica o mortalidad, son algunos de los efectos negativos que la contaminación lumínica provoca sobre la fauna y que hacen peligrar el equilibrio de ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.

Expertos consultados explican los efectos y consecuencias que tiene la contaminación lumínica sobre los animales y su comportamiento.

La contaminación lumínica “es como un pesticida más en la práctica”, ha explicado el astrofísico en el Departamento de Calidad del Cielo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA) y miembro de la Junta Directiva de la International Dark Sky Asociation, Alejandro Sánchez de Miguel.

Es uno de los factores más importantes de la llamada “apocalipsis de los insectos”, es decir, la pérdida “en los últimos 25 años de alrededor del 75 % de los insectos”.

Además, de una alteración significativa en la cadena trófica al ocupar los insectos una posición intermedia, la atracción de estos hacia la luz de los burgos provoca que otras especies se trasladen fuera de sus hábitats.

Esto supone un “factor de riesgo adicional” tanto para los animales como para la salud humana, ya que pueden ocasionar “plagas agrícolas o enfermedades”, sostiene Sánchez de Miguel.

Los seres vivos que han evolucionado sobre la Tierra lo han hecho “bajo un régimen de luz y oscuridad” que con la iluminación artificial se ha visto trastocado, ha señalado por su parte el biólogo de la Estación Biológica de Doñana, Airam Rodríguez, un impacto que “se empezó a estudiar en torno al 2006”.

No obstante, “hay muchos animales de hábito nocturno que viven con alta contaminación lumínica y apenas perciben que es de noche”, ha explicado el titular en el área de Zoología de la Universidad de Valencia, Joaquín Baixeras.

Sin embargo, los sistemas de navegación y sensorial, así como el ritmo cronobiológico de las especies nocturnas están adaptados a bajas condiciones de luz, según Baixeras, y el efecto “más negativo” que tiene esta clase de contaminación es “la mortalidad directa”.

 

Especies afectadas

En esta situación se encuentran aves como la pardela cenicienta en Canarias, concretamente en Tenerife -entre el 20 de octubre y el 10 de noviembre- se rescatan 2.800 polluelos que caen deslumbrados, ha explicado Rodríguez, a pesar de que “se estima que esta cantidad solo representa el 60 % de los ejemplares”.

Las crías de tortuga marina se desorientan por la luz y cuando eclosionan del huevo en las playas, se dirigen hacia tierra en lugar de al mar, y muchas “acaban deshidratadas, engullidas o atropelladas”, según Rodríguez.

La contaminación lumínica también provoca el declive de las luciérnagas, especie en la que la función de la luz es la búsqueda de pareja, y el exceso de luz artificial impide que se encuentren y bloquea su sistema de comunicación.

“Los insectos viven muy poco tiempo” y en ese periodo deben “alimentarse y reproducirse”, si se introduce “un factor de interferencia tan grande como es la luz” se les “obliga a desviar su atención hacia estos focos”, ha explicado Baixeras.

Los polinizadores nocturnos podrían ver reducidas sus colonias, lo que afectaría a la polinización de las plantas y, con ello, se disminuiría la cantidad de frutos y semillas disponibles.

 

Deterioro de la biodiversidad

Rodríguez considera que esta contaminación hace “una limpieza de genotipos” con “un efecto en cascada” que conlleva “un deterioro de la biodiversidad al perderse especies, individuos y las relaciones surgidas entre los ejemplares”.

Baixeras asevera que “la eficiencia energética debería también incluir el factor ecológico y de contaminación lumínica” y evitar la asociación de seguridad con mayor iluminación.

La luz artificial ha provocado, asimismo, cambio de hábitos como sucede con los cernícalos primilla en la Giralda de Sevilla que alimentan a los polluelos durante más tiempo, mientras ir a cazar a los pastizales les supondría volar entre 20 y 40 kilómetros”, según Rodríguez.

Se deben adoptar medidas como alumbrar “lo esencial”, es decir “mucho menos” de la iluminación que hay en la actualidad, según Baixeras, lo que contribuiría de manera significativa a proteger la biodiversidad, aclara Baixeras.

En esa misma línea, Rodríguez apuesta por sistemas con sensores de personas y de baja intensidad, mientras Sánchez de Miguel pide apagar el alumbrado ornamental.

“Hay que reducir la cantidad de luz de forma científica” y propone la realización de “informes de impacto ambiental” donde “biólogos y ambientalistas evalúen cómo paliar este tipo de contaminación y sus efectos negativos en la pérdida de biodiversidad, concluye.

 

Fuente: EFEverde