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El amianto podría ser un arma para luchar contra el cambio climático por su capacidad para capturar CO2

martes, 19 de enero de 2021 | Mitigación

 

“Mineral de composición y caracteres semejantes a los del amianto, pero de fibras duras y rígidas, parecidas al cristal hilado, y de efectos nocivos para la salud”. La anterior es la definición de “asbesto”, según la Real Academia Española –RAE–. Es, por tanto, un tipo de amianto.

Hasta aquí todo normal. Lo extraño viene al proponer que este mineral podría ser un arma en la lucha contra el cambio climático. Es ahora cuando hay que repetirlo: sí, el amianto, ese material que genera graves enfermedades en el aparato respiratorio y, entre ellas, el cáncer de pulmón.

El sorprendente anuncio lo hizo hace unos meses la web MIT Technology Review, a raíz de la investigación de un alumno del Instituto Politécnico Worcester de Massachusetts –EE UU–, que decidió extraer muestras de una mina de asbesto en California y enviarlas, para su estudio, a varios laboratorios.

 

Bloquear el CO2 de efecto invernadero durante milenios

El objetivo de este científico, llamado Caleb Woodall, es poder aprovechar los desechos mineros en la lucha contra el cambio climático. Y del análisis antedicho dedujo que el crisólito –amianto blanco– reacciona, siempre según MIT Technology Review, con el dióxido de carbono y produce minerales como la magnesita, un tipo de material “que podría bloquear el CO2 de efecto invernadero durante milenios”. Es así como un mineral, a todas luces perjudicial, puede llegar a ser beneficioso.

El gran propósito final, explican, es extraer minerales, entre ellos el amianto, y, con ellos, ser capaces de capturar gases de efecto invernadero en grandes cantidades. Roger Aines, director de la Iniciativa de Carbono en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore –que acompañó a Woodall–, asegura que “es una gran oportunidad, aún no explotada, con la que se podrían llegar a eliminar enormes cantidades de CO2”.

 

¿Es muy peligroso esparcir el amianto?

En el artículo comentado se explica que el próximo paso que quiere dar Wodall es encontrar un lugar para realizar una prueba de campo que, entre otras cosas, consistiría en esparcir el amianto –aumentando así la superficie reactiva–, utilizar ventiladores para que crezca el aire sobre el asbesto o, directamente, inyectar CO2 en los pozos.

La duda, lógica, que surge es si es seguro insuflar tanto aire alrededor del amianto. Si el proyecto de Woodall sigue adelante serán las autoridades reguladoras las que deberán valorar hasta qué punto es aplicable eso de que ‘el fin justifica los medios’. 

 

Fuente: 20 minutos