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El cambio climático acaba con el 60% de una población de alga casi extinta en la Costa Brava

lunes, 13 de julio de 2020 | Adaptación

 

Las intensas olas de calor que sufrió Catalunya en 2015 y en 2018 tuvieron consecuencias nefastas para los ecosistemas marinos de la Costa Brava. Un reciente estudio del grupo Gr-Mar (Universitat de Girona) y el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC) ha cifrado en un 60% la mortalidad de una población de la especie de macroalga de la que en toda la península solo se ha conseguido preservar cuatro pequeñas poblaciones en el litoral gerundense. La Cystoseira crinita ya se había reducido a la mínima expresión por la contaminación de las aguas por lo que el mismo equipo científico ha planteado “repoblar” los bosques de esta especie para evitar su extinción.

“Las macroalgas, como la Cystoseira, son grandes productores primarios en los ecosistemas marinos, siendo las especies estructurales de todo el ecosistema. Si no se tiene capacidad de generar materia orgánica a partir del sol y del agua, no hay más vida”, alerta la bióloga marina Emma Cebrian.

Los científicos habían dado el alga por desaparecida, hasta que hace unos años esta se volvió a descubrir en la realización del catálogo de los hábitats litorales de Catalunya. La bahía de El Port de la Selva, Cala Estreta (Palamós), Cala Bona (Tossa de Mar) y Cala Montjoi (Roses) son los únicos puntos de la España continental donde se ha demostrado que aún sobrevive este tipo de alga, en retroceso desde los años 80 debido a la contaminación de los ríos, de vertidos incontrolados al mar y también de filtraciones. “Ahora estamos comprobando que herbicidas que se utilizan a nivel terrestre, llegan al mar, y están preparados para afectar a los vegetales”, asegura Cebrian.

Sin embargo, las investigaciones más recientes apuntan a que el cambio climático puede ser una amenaza “emergente” para estas algas, una conclusión que alerta de que las consecuencias del aumento de la temperatura son más importantes de las que los mismos expertos pensaban.

“Hasta ahora, habíamos demostrado que especies de aguas profundas, como el coral o las gorgonias eran las primeras afectadas por el cambio climático, pero las algas, al ser de poca profundidad y adaptadas a temperaturas más altas, eran muy resistentes”, admite Emma Cebrian. En concreto, los veranos calurosos de 2015 y 2018 han provocado la mortalidad de cerca de 60% de la población, que en el caso de El Port de la Selva llegó prácticamente a desaparecer.

Los bosques de algas de El Port de la Selva y Tossa de Mar han sido los dos únicos repoblados por los biólogos, que “sembraron” el fondo con pequeñas algas provenientes de Palamós. La primera operación de estas características se probó en Cala Teulera (Menorca) hace doce años, y permitió que el área restaurada, que inicialmente era de 25 m2, llegara a crecer hasta los 500 m2.

En la Costa Brava, no ha habido la misma suerte. La investigadora Emma Cebrian se plantea la posibilidad de utilizar individuos de poblaciones provenientes de Grecia adaptadas a vivir con temperaturas más elevadas.

 

Fuente: La Vanguardia