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El Caribe une sus fuerzas para salvarse del calentamiento global

miércoles, 29 de junio de 2016 | Adaptación

El Caribe funciona como una olla gigantesca: en una región donde la temperatura exterior se encuentra en una media de 30 grados anuales, y en la que el agua tiene unos registros similares, el calor es constante porque los movimientos de los vientos y las corrientes marítimas crean un efecto circular que mantiene estas temperaturas en valores estables.

Con algo de resignación, su población se ha ido acostumbrando al calor que no cesa, pero más se ha adaptado la abundante flora y fauna de este arco de islas, que han constituido una de las reservas de biodiversidad más ricas del planeta.

Pero por el cambio climático está en peligro: un ascenso en las temperaturas pondrá más en peligro al frágil ecosistema, que ya está bastante golpeado por la deforestación de los bosques, la contaminación en ciudades y costas, la alta densidad humana en varios núcleos urbanos y la destrucción de las barreras de coral.

Una iniciativa entre estados

Los gobiernos de Cuba, Haití y República Dominicana siguen adelante con la promoción del Corredor Biológico en el Caribe (CBC), una iniciativa supranacional para salvar los ecosistemas de sus tierras y mares.

El CBC tiene una extensión de 1.600 kilómetros, y recorre valiosos puntos ecológicos como el grupo de la Sierra Maestra, Baracoa y Sagua en Cuba, salta a la las áreas protegidas haitianas del lago Azuei, la Visite y el macizo Norte Central, y cruza la frontera para adentrarse en la Reserva de Jaragua-Bahoruco-Enriquillo y la Cordillera Central de República Dominicana, entre otras zonas.

Pero no se puede proteger la naturaleza si la población no tiene una alternativa económica sostenible: la promoción de la agricultura intensiva se ha cargado gran parte de los bosques nativos –sobre todo del sector de Haití en la isla La Española-, y la falta de controles en las industrias degradan las costas y perjudican al turismo, una de sus principales fuentes de ingresos.

No es un esfuerzo fácil. Estos países se enfrenta a un cuadro de cambios climáticos y fenómenos naturales dignos de pesadillas (como huracanes o el terremoto que destruyó Puerto Príncipe, la capital de Haití, en 2015), un cuadro de pobreza extrema (Haití es el país más pobre de América), escasez de recursos humanos calificados, ausencia de expertos en la diversidad biológica, falta de fondos, una insuficiente integración política y una naturaleza que sufre la presencia de numerosas especies invasoras.

Pero ante semejante lista de adversidades, siguen adelante. Con el patrocinio económico de la Unión Europea y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, lanzaron diversos programas y proyectos para proteger este Corredor.

Proyectos sostenibles

En República Dominicana se pondrán en marcha programas de ‘basura cero’, otros de instalación de colmenas, y en la zona de Elías Piña se realizarán programas para trabajar con la palma de guano (especie de palmera que crece gracias a los excrementos de las aves marinas). En Cuba, en la región de Sigua se implementarán proyectos para la gestión sostenible de los recursos agrícolas, y de rehabilitación ambiental en la Reserva Ecológica Baitiquirí.

Y en la comunidad de La Gonave, en Haití, se incentivará el reemplazo del carbón y la leña por los fogones a kerosén, mientras que en las zonas de Dosmond y Noreste Haití se ponen en marcha planes de agroecoturismo y horticultura que respeten los valores ambientales.

Paraíso natural

El Caribe presenta una particular mezcla de lenguas y culturas. Se trata de un territorio de 7.000 islas, conformadas por 13 Estados libres y 19 territorios que dependen de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Holanda, donde además del castellano también se habla el francés, el inglés, el holandés, y diversas lenguas surgidas del mestizaje como el creole haitiano.

Sus aguas cálidas y transparentes presentan una biodiversidad de más de 1.400 especies de peces, 25 variedades de coral, 76 de tiburones, 600 moluscos y 30 cetáceos, entre ellos la gran ballena jorobada.

En tanto, en la tierra se encuentran 23 plantas endémicas cada 100 km2 (12 veces más que los índices de Mesoamérica), y sus árboles y playas sirven de escala a más de 25 especies de aves migratorias, que cruzan la región en sus migraciones Norte-Sur dos veces al año. En las islas también se contabilizan más de 700 especies de anfibios y reptiles, de los cuales el 86% son endémicos.

Pero los peligros que se ciernen sobre el ecosistema caribeño amenaza a 703 especies, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Por ello, la idea de este Corredor es que las diferencias políticas, históricas y culturales sean dejadas de lado para trabajar en conjunto por la protección de la naturaleza y la población.

Puerto Rico ha solicitado formalmente sumarse como miembro a esta iniciativa, Jamaica se encuentra como estado observador, y la estrategia a largo plazo es que las demás islas también se vayan sumando. Aunque los programas son la largo plazo (algunos esperan ver sus frutos en 30 años), se sabe que con la rapidez con que el hombre degrada a los ecosistemas tampoco hay que perder mucho tiempo.

Fuente: La Vanguardia