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Infraestructuras todoterreno para soportar lo efectos del cambio climático

jueves, 10 de octubre de 2019 | Mitigación

El cambio climático es uno de los mayores retos que afronta el planeta en las próximas décadas. Y lo es para todos: para los ciudadanos de a pie y para las administraciones. Y, por supuesto, para las empresas, obligadas a jugar un papel fundamental en la adaptación al nuevo entorno.

Uno de los sectores donde impactará con más fuerza el calentamiento global será el de las infraestructuras. Lluvias torrenciales, sequías extremas, cambios bruscos de temperatura, olas de calor más frecuentes e intensas… son algunos de los desafíos que deben afrontar las compañías encargadas de diseñar y mantener esas infraestructuras.

El aviso lo han dado ya distintos organismos internacionales, desde la Comisión Europea al Banco Mundial, pasando por el Banco de Desarrollo de América Latina.

Bruselas calcula que entre el 30% y 50% de los costes de mantenimiento de carreteras están causados por los  fenómenos climatológicos que provoca el cambio climático. Esta circunstancia supone entre ocho y 13 billones de euros al año.

Además, se espera que –si persiste el aumento de la frecuencia de las inundaciones, grandes sequías y precipitaciones extremas-,  a partir de 2040 sea necesaria una inversión adicional de más de 150 millones de euros al año en el mantenimiento de infraestructuras de transporte, solo en el continente europeo.

«El cambio climático influye en el estado, en evolución y en las necesidades de mantenimiento de las infraestructuras… Grandes sequías, inundaciones, nevadas fuera de temporada o en cantidades poco habituales provocan cambios en el comportamiento del terreno y someten a los materiales a situaciones de estrés que terminan incidiendo en su ciclo de vida», explica Irene Sevilla, responsable del proyecto de investigación Panoptis, una iniciativa de índole europea centrada en mitigar los efectos del cambio climático en las carreteras. “Por eso es fundamental innovar para que dispongamos de infraestructuras resilentes a esta nueva situación, que garanticen su seguridad para los usuarios”, añade Sevilla.

 

El reto de las infraestructuras resilentes

Siguiendo la definición original de la palabra, “resiliencia” es la capacidad de un material de absorber energía antes de comenzar a deformarse plásticamente. Este concepto se ha puesto de moda en otras aplicaciones cotidianas como la psicología, donde se ha convertido en la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas.

Aplicado de manera genérica a la ingeniería civil, la resiliencia supone crear infraestructuras capaces de soportar las condiciones ambientales extremas a las que se verán sometidas durante toda su vida útil. Estas condiciones están cambiando de manera acelerada como consecuencia del cambio climático.

Investigar nuevas alternativas es la tarea de quienes trabajan para Panoptis. El proyecto busca combinar escenarios de cambio climático (aplicados a infraestructuras), con herramientas de simulación (estructurales y geotécnicas). Todo con el fin de suministrar a empresas y administraciones una herramienta de control integrada, capaz de mejorar la gestión de infraestructuras de transporte en las fases de planificación, mantenimiento y operación.

La investigación de Panoptis implica a 12 empresas, institutos y centros de investigación de siete países europeos. Según sus promotores, permitirá aplicar nuevas tecnologías para monitorizar las infraestructuras de transporte, y de esta manera, contribuir a que mejore su seguridad en situaciones adversas. Al mismo tiempo, se optimiza su gestión, se reducen incidencias y cortes y se  minimiza el coste de las reparaciones.

 

Un desafío de ámbito global

La preocupación por el impacto del cambio climático en las infraestructuras va mucho más allá de la Unión Europea. Por ejemplo, el Banco de Desarrollo de América Latina señala que la mayoría de los países de la región enfrenta serios desafíos institucionales, técnicos, financieros, políticos y sociales para adaptar sus carreteras al cambio del clima.

El organismo financiero ha elaborado una guía de buenas prácticas para la adaptación de las nuevas carreteras al clima. Entre sus objetivos está el de difundir el uso de herramientas de planificación y gestión viaria que tomen en consideración las modificaciones en el clima derivadas del cambio climático: nuevos patrones de lluvia, cambios en los caudales de los ríos, cambios térmicos, etc. 

El documento recalca que si la planificación y el diseño de las carreteras continúan realizándose “ateniendo tan solo a las prácticas habituales de ingeniería en la región y a los datos históricos existentes, es muy probable que no sea posible dar respuesta a los eventos climáticos que vienen sucediéndose en los últimos años y que, previsiblemente, se repetirán en el futuro». El organismo va más allá y advierte: «la consecuencia de esto es que podría llegar a ponerse en duda la sostenibilidad de la infraestructura y la eficiencia económica de las inversiones”.

Según esta institución, en los próximos años será imprescindible definir estrategias transversales que permitan adaptar las  infraestructuras al clima durante todo su ciclo de vida. Además, CAF destaca la necesidad de una «generación de más conocimiento sobre el impacto del cambio climático y su incidencia sobre la infraestructura vial».

 

Fuente: El Independiente