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La conexión de los huracanes con el cambio climático

lunes, 24 de septiembre de 2018 | Adaptación

Al cumplirse un año del paso del huracán María y tras reportarse este mes cuatro sistemas nombrados desplazándose simultáneamente en el océano Atlántico, resurgen preguntas acerca de las condiciones que propician su desarrollo y sobre si la actividad ciclónica es un efecto directo del cambio climático.

Se trata de un debate histórico que, incluso, mantiene divididos a los científicos en Puerto Rico.

No obstante, un hecho irrefutable y que une a los expertos es que las aguas del Atlántico están más calientes, y esa es la condición primaria e ideal para la formación de tormentas y huracanes.

“El desarrollo de huracanes es dependiente de la temperatura oceánica. Esa es su energía, y si la energía está disponible se forman las tronadas”, dijo a El Nuevo Día el meteorólogo Ernesto Rodríguez, del Servicio Nacional de Meteorología (SNM).

Explicó que el efecto conocido como la oscilación atlántica multidécada demuestra que, desde 1995, las temperaturas han estado “por encima de lo normal”. La oscilación, que tiene un período de variación de 60 a 80 años, permite evaluar los cambios en temperatura desde 1870 al presente.

“Esos datos nos dicen cuán calientes han estado las aguas, y se correlacionan con la actividad ciclónica. Desde 1995, hemos tenido huracanes bien intensos. La temporada pasada y la de 2005, por ejemplo, fueron hiperactivas, y, en ambas, tuvimos temperaturas del agua por encima de lo normal”, reiteró.

Destacó, sin embargo, que, así como ha habido temperaturas oceánicas por encima de lo normal, la oscilación atlántica multidécada también evidencia “períodos fríos”, como ocurrió de 1900 a 1920 y de 1965 a 1995.

“Por eso, en estos momentos, no podemos atar el calentamiento global (como consecuencia del cambio climático) y los huracanes. Hace falta más investigación. Si fuera solo por el calentamiento global, la actividad ciclónica aumentaría linealmente, al igual que las emisiones de (bióxido de) carbono y gases de efecto invernadero. Pero no ha sido así”, dijo Rodríguez, con quien coincidió el coordinador de avisos del SNM, Ernesto Morales.

La temporada de huracanes inició el pasado 1 de junio y se extiende hasta el 30 de noviembre.

Otras variables

Ambos señalaron que otros factores inciden en la formación de ciclones, como la presencia o ausencia de vientos “cortantes” (fuertes) en la atmósfera y de aire seco o húmedo.

Los vientos cortantes limitan el desarrollo de tormentas y huracanes. En el Atlántico, hay más vientos cortantes cuando al otro lado del mundo, en el océano Pacífico, se da el fenómeno de El Niño, que es el calentamiento atípico de las aguas superficiales de ese cuerpo.

El aire húmedo, por su parte, contribuye a que haya más actividad ciclónica.

Al momento, contó Morales, los expertos del SNM estudian si el polvo del desierto del Sahara “es un factor limitante” para tormentas y huracanes.

Sobre elpolvo del Sahara, Rodríguez explicó que, al ser partículas de arena, tienden a reflejar y dispersar la luz, lo que redunda, a su vez, en que las aguas del océano estén “un poco más frías”.

“A raíz de eso, podríamos decir que, desde junio hasta mitad de agosto, las condiciones no fueron tan favorables (para el desarrollo ciclónico). Pero luego, al no tener ese polvo, el océano se calentó medio grado por encima de lo normal y vimos el desarrollo de las tormentas”, dijo Rodríguez.

Este mes, en el Atlántico circularon simultáneamente las tormentas tropicales Isaac y Joyce, así como los huracanes Florence y Helene, un suceso que no se reportada desde el año 2008.

Intensidad y distribución

Por otro lado, el climatólogo Rafael Méndez Tejeda, director del Laboratorio de Investigación en Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Carolina, afirmó que, como consecuencia del calentamiento oceánico, los huracanes serán cada vez más intensos.

“Podremos tener más o menos cantidad de huracanes, pero serán más intensos por la liberación de calor. Todo coincide con que tenemos un calentamiento anormal en el océano, un calentamiento global, y esos son los resultados que vamos a ver”, dijo.

Según Méndez Tejeda, los sistemas también se fortalecerán más rápido, tal como ocurrió con Florence, que pasó de ser una tormenta tropical a un huracán categoría 4 en menos de 36 horas.

Siguiendo la misma línea, el coordinador del Consejo de Cambio Climático de Puerto Rico, Ernesto Díaz, añadió que en el Atlántico habrá una distribución más amplia para la formación de ciclones.

“Esto también pasó con Florence, que se desarrolló en unas latitudes bastante altas, más hacia el norte. En la medida que aumenta la temperatura superficial oceánica, hay más espacio para que el huracán se potencie”, dijo Díaz.

Ambos indicaron en que “lo que no se puede decir” es que el aumento en las temperaturas oceánicas provocará mayor cantidad de disturbios, porque entran en juego otras variables, como las mencionadas por los expertos del SNM.

Intervención humana

Méndez Tejeda y Díaz manifestaron que la actividad humana es la principal responsable del calentamiento del planeta.

“De eso no hay la menor duda. La cantidad de contaminantes en la atmósfera y de plásticos en el océano es enorme. Si aumenta el bióxido de carbono, aumenta la temperatura. Nadie ha podido demostrar que esa correlación no existe”, expresó el climatólogo.

De acuerdo con Díaz, el cambio climático –atribuible a la actividad humana– afecta la variabilidad natural que el planeta ha enfrentado desde su creación.

“El 97% de la comunidad científica reconoce que somos los humanos los responsables de la exacerbación de los cambios climáticos, particularmente la concentración de gases de efecto invernadero y bióxido de carbono, que desde el año 2000 se ha disparado”, dijo.

Los entrevistados coincidieron en que al cambio climático se le atribuyen otros efectos, como derretimiento de los polos y aumento en el nivel del mar.

En Puerto Rico, el aumento en el nivel del mar se manifiesta –principalmente– con la erosión costera, un problema que el huracán María agravó.

El ciclón provocó, además, que hasta el 90% de las playas en la isla perdiera elevación, reduciendo su capacidad de prevenir inundaciones costeras y aumentando la vulnerabilidad de comunidades aledañas.

Esos fueron los principales hallazgos de un análisis hecho por estudiantes y profesionales de la Red de Playas de Puerto Rico y el Caribe, adscrita a la Escuela Graduada de Planificación de la UPR, para identificar los efectos de María en el litoral del país. El equipo estuvo liderado por la oceanógrafa Maritza Barreto.

Según el análisis, el mayor impacto, en términos de erosión, se dio en la costa sureste, entre Salinas y Ceiba; la costa norte-central, entre Manatí y Aguadilla; y la costa noroeste, entre Aguadilla y Mayagüez.

En 2017, Barreto y otros expertos publicaron un informe sobre el estado de las playas de Puerto Rico, en el que se identificó que Loíza, Arroyo, Rincón, Humacao y Dorado exhibían los niveles más altos de erosión.

"Preocupantes"

“Las proyecciones (de cambio climático) que trabajan diversos grupos apuntan a que las áreas tropicales se van a calentar más rápido que el resto del planeta. También, se proyecta que la precipitación promedio disminuirá, pero que tendremos más eventos extremos”, indicó Díaz.

Sostuvo que esos pronósticos son “preocupantes”, y que las especies de flora y fauna podrían no soportar sus efectos.

“No es lo mismo tener 15 pulgadas de lluvia en un día y que en los demás no caiga ni una gota”, expresó Díaz.

Precisamente, hace dos meses, jefes de agencias ambientales de Cuba, Haití, República Dominicana y Puerto Rico reafirmaron su compromiso de reducir las presiones directas sobre la biodiversidad y mejorar su protección. Los funcionarios coincidieron en Santo Domingo, en la XI Reunión del Comité Ministerial del Corredor Biológico del Caribe.

Desde 2015, Méndez Tejeda y Barreto investigan la erosión en las playas de Bávaro y Punta Cana, en República Dominicana, pues exhiben problemas muy similares a los de aquí. El estudio se enfoca en el impacto del cambio climático y de la actividad humana.

 

 

Fuente: El Nuevo Día