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Las cicatrices del cambio climático en el techo de Europa

martes, 08 de octubre de 2019 | Adaptación

La subida de la temperatura fractura el glaciar Planpincieux, en el Mont Blanc, y provoca preocupación en el Gobierno italiano.

Dos enormes grietas de 20 metros, provocadas por la subida de la temperatura, han fracturado el gigante de hielo Planpincieux en tres pedazos. Uno de ellos, el más bajo, avanza hoy a más de un metro diario. Es la primera cicatriz visible del cambio climático en el techo de Europa.

Courmayeur, un pueblo de unos 2.700 habitantes enclaustrado entre las escarpadas paredes del Mont Blanc, vive del turismo de montaña y se encuentra algo perplejo ante la polémica suscitada por uno los 183 glaciares de la región, que castiga ya el inicio de la temporada. Cinco de esos glaciares están altamente monitorizados por movimientos fuera de lo normal detectados en los últimos tiempos (como el Seracco Whymper, del que se desprendieron hace una semana 50.000 metros cúbicos por gravedad) o por filtraciones de agua que podría provocar torrentes descontrolados (como el Grand Croux). Pero el Planpincieux, un glaciar templado (el agua fluye en su interior y es especialmente sensible al calentamiento global), situado en la parte septentrional del macizo de las Grandes Jorasses, no había representado un problema hasta hoy. A finales de agosto el alcalde decidió evacuar dos casas, cerrar refugios y cortar el pedazo de carretera que conduce a la Val Ferret. Ya no lo veían claro.

Los glaciares, como los volcanes y las tierras sísmicas, se monitorizan al milímetro. Pero nadie ha conseguido un modelo exacto de predicción. Más allá de la profecía climática, algunos son una amenaza directa para quien osó vivir junto a ellos. Los primeros síntomas del Planpincieux, que pende sobre una zona de la Val Ferret con chalés vacacionales y algunos hoteles, llegaron este verano. “Observamos comportamientos extraños a mediados de agosto. Algunos pedazos avanzaban más rápidamente de lo normal. Influye la subida de temperaturas, por supuesto. Pero también la gravedad. Es un fenómeno relativamente normal. Pero no se puede hacer nada más que esperar a que se desprenda definitivamente una gran masa de hielo o bajen las temperaturas en invierno y vuelvan a compactarse los tres sectores. Una voladura sería demasiado peligrosa”, apunta Fabrizio Troil, experto en glaciares.

Si los dos sectores principales del glaciar se desprendiesen, podrían provocar una avalancha y vientos de unos 150 kilómetros por hora. Si la parte más alta resbalase también (el sector A), algo muy improbable, caería otro millón de metros cúbicos. “Bueno, eso sí sería un gran problema y habría que evacuar otras zonas”, señala Troil.

El pasado 25 de septiembre, Giuseppe Conte, primer ministro italiano, habló en la Asamblea de la ONU sobre el glaciar y llamó a la movilización. “El Valle de Aosta es un laboratorio del cambio climático”, lanzó el presidente de la región, Antonio Fosson, recogiendo el guante e invitando a todas las autoridades del país a visitarlo. El gesto, un intento por concienciar de los efectos del cambio climático en la semana mundial dedicada a la cuestión, agradó a la comunidad científica. 

Las cicatrices en el Mont Blanc no son nuevas. El Planpincieux estaba unido al glaciar de Rochefort a mediados del siglo XIX. La lengua de hielo procedente de ambas laderas bajaba unida, pero el calor creciente terminó dividiéndolas. La cicatriz es hoy evidente. Y si la temperatura media aumenta, los glaciares seguirán retrocediendo y formándose en cotas más altas, donde el frío los mantenga compactos. Los expertos en la zona no ven grandes motivos de pánico. Otros ejemplares de la zona, todos de mayor dimensión, como el Seracco Whymper o el Gran Croux, presentan situaciones parecidas, señalan. 

 

Fuente: El País