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Los incendios de Australia agravarán el cambio climático

jueves, 16 de enero de 2020 | Adaptación

Australia arde y lo hace siempre, desde hace millones de años. Junto a zonas de África y América Latina, es una de las regiones que más quema de forma natural del planeta, lo que resulta básico para mantener la biodiversidad y regenerar la naturaleza. Sin embargo, los devastadores incendios que arrasan el país austral desde hace meses y que amenazan con seguir haciéndolo al menos durante enero y febrero son muy distintos. Alimentados y exacerbados por el cambio climático, tienen tal magnitud que los expertos alertan que impactarán sobre el clima del planeta.

“Australia era una bomba a punto de estallar. Durante todo 2019 tuvo las temperaturas más altas jamás registradas que se sumaron a una sequía extrema”, explica desde Tasmania Pep Canadell, director ejecutivo de Global Carbon Project, un consorcio mundial en el que participan las grandes instituciones científicas, entre ellas la NASA, para estudiar el impacto de la actividad humana en el cambio climático.

A esas condiciones extremas, además, ha contribuido que, desde hace meses, como apunta el climatólogo y catedrático de geografía física de la Universitat de Barcelona, Javier Martín Vide, hay anomalías en la circulación de la temperatura tanto del océano como de la atmósfera en el Índico. “Se denomina ‘El Niño del Índico’ y da aguas cálidas en las costas de África Oriental, que fomentan lluvias, y frías en Australia, que estabilizan el aire, más frío y denso, lo que da menos precipitaciones y vientos terrales muy secos”.

 

400 millones de toneladas de CO2

La mayoría de la vegetación que quema son eucaliptus, aunque las llamas, algunas de las cuales alcanzan los 70 metros de altura, de los miles de incendios que están activos de forma simultánea también están devastando dehesas, parajes con arbustos y matorrales, e incluso partes de selva subtropical en la zona de Queensland.

Por el momento, se estima que ya se han vertido a la atmósfera 400 millones de toneladas de CO2, el equivalente a todo el carbono emitido por la actividad industrial del Reino Unido en un año. Ese dióxido de carbono, que es el gas con mayor impacto en el calentamiento global, en pocos años se habrá mezclado dentro de la atmósfera y contribuirá, a su vez, a alimentar el cambio climático, que seguirá propiciando estos megafuegos. El pez que se muerde la cola.

Hasta ahora, se había considerado que los incendios forestales tenían una huella de carbono neutral, ya que los ecosistemas, al regenerarse, absorbían ese CO2 de nuevo y limpiaban la atmósfera. “Si los bosques rebrotan en menos de 10 años, el tiempo que necesita la atmósfera para incorporar las emisiones en el clima, entonces serán un proceso neutral de carbono”, apunta Guillermo Rein, profesor de ciencias del fuego en el Imperial College de Londres. “Si tardan más o no se regeneran por completo, el clima quedará afectado”, incide.

“Estos fuegos afectan a ecosistemas con bosques que necesitan 100 o 200 años para crecer y que ya quemaron hace 15 años -advierte Canadell-. Cuando el clima no es estable, no tiene sentido hablar de neutralidad del carbono. No tenemos tiempo de esperar 150 años a que estos bosques se recuperen y limpien la atmósfera. La crisis climática es ahora”.

Según estimaciones del Globan Carbon Project, de una tonelada de CO2 que se inyecta hoy en la atmósfera terrestre, dentro de 100 años aún habrá 330kg y en 1000 años, 100 kg.

 

Generan un clima propio

Otra de las características singulares de estos megaincendios es que, como ocurre con los volcanes, están llegando a inyectar humo y partículas en la estratosfera, una capa de la atmósfera que se extiende a entre 11 y 50 km de la superficie de la Tierra. Por lo general, la polución generada por la actividad humana no suele llegar hasta allí y los científicos barajan que tal vez la explicación sean las nubes de tormenta que genera el propio incendio, llamadas pirocúmulos.

“La temperatura es tan elevada que se forman columnas de calor muy altas que suben a la estratosfera, donde crean columnas de gas y propician dinámicas de tormentas de fuego”, explica Juli G. Pausas, experto en incendios e investigador del CSIC en el Centro de Investigaciones sobre la Desertización (CIDE).

“Este, tipo de nube solo se ha visto en estos megaincendios. Generan corrientes de aire muy fuertes, vientos inesperados, incluso rayos que pueden provocar nuevas igniciones. Por eso estos incendios son tan excepcionales e intensos, y difíciles de atacar”, destaca Andrea Duane, del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) y del Centre Tecnològic Forestal de Catalunya (CTFC).

Estos pirocúmulos, además, en Australia se están generando de forma muy reiterada y simultánea, como nunca se había observado. “Son un verdadero reto para la ciencia porque no se entienden. Solo se generan cuando el fuego consigue mucha intensidad y eso pasa cuando la vegetación está muy seca y estresada. El cambio climático puede inducir esta situación. También atmósferas muy inestables, que también suelen propiciar los pirocúmulos”, añade esta investigadora.

La inyección de CO2 a la atmósfera no es el único efecto sobre el clima global. Los megaincendios australianos también están levantando enormes columnas de carbonilla y de humo que están circulando por el globo y algunos expertos apuntan que, de depositarse sobre glaciares o la Antártida, podrían cambiar el albedo, la cantidad de radiación solar que absorben, y propiciar un aumento del deshielo.

 

El Mediterráneo, vulnerable a los megaincendios

Los megaincendios de Australia son un ejemplo de lo que podría suceder en el Mediterráneo, apuntan los expertos consultados por La Vanguardia. Es una de las zonas más vulnerables del planeta, con un clima y unos ecosistemas similares a los australianos.

En este sentido, Martín Vide recuerda que Castellnou, del GRAF de Bombers, vaticina que dentro de 20 o 30 años se producirá un megaincendio en el prepirineo español, desde Navarra hasta Catalunya.

“La temperatura será superior a la actual, tendremos menos precipitaciones y una gran masa forestal continua, que estará estresada y que será fácilmente pasto de las llamas”, explica.

“No podremos evitar este tipo de incendios del cambio climático, pero sí podemos aprender de Australia a mitigarlos mejor. Y la prevención es clave”, considera Vendrell, de la Fundación Pau Costa. “Debemos hacer todo lo posible para que los incendios quemen de la forma menos perjudicial para los ecosistemas y que los cuerpos de extinción tengan oportunidades de apagarlos”, añade.

 

Fuente: La Vanguardia