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Según estudio los árboles mueren antes, a pesar de que cada vez crecen más rápido

martes, 21 de mayo de 2019 | Mitigación

Según la investigación realizada por la Universidad de Cambridge, los bosques van perdiendo la capacidad de almacenar carbono a largo plazo a medida que avanza el cambio climático. Los científicos analizaron cerca de 1.800 árboles, tanto muertos (cortando parte del tronco) como vivos (extrayendo una muestra de la madera).

Una de las estrategias que más se ha propagado para disminuir las consecuencias del cambio climático es la de sembrar árboles. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge pone en duda la eficiencia de esta idea. Los científicos concluyen que, a pesar de que los árboles crecen más rápido, mueren antes, liberando con anterioridad el carbono que atraparon de la atmósfera.

La investigación, publicada en Nature, se centró en dos especies de coníferas de montaña, el pino negro y el alerce siberiano. Para los análisis, los científicos eligieron como escenarios el pirineo español y el macizo de Altái de Rusia, representativos de los bosques boreales. Son zonas que han sufrido poca alteración por parte de las personas, cuentan con madera antigua que está preservada en los lagos y su vegetación está dispersa por el lugar.

Jesús Julio Camarero, uno de los autores del estudio e investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), explica en Nature que “el valor de la repoblación es limitado. Lo importante es conservar los bosques de árboles antiguos, que no solo son reservorios de biodiversidad, sino también de carbono a largo plazo”.

Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron, en un periodo desde hace 2.000 años hasta la actualidad, cerca de 1.800 árboles, tanto vivos como muertos. Para los primeros, extrajeron una muestra de madera; mientras que para los otros, cortaron un disco del tronco. Por medio del grosor y de la densidad de los anillos de los árboles, los investigadores consiguieron analizar las condiciones climáticas de años pasados en cada especie. Además lograron estudiar la evolución del clima y la respuesta de las especies a dichos cambios. 

Los resultados arrojaron que los árboles que son más antiguos crecieron más despacio y que, aunque las condiciones frías frenan su desarrollo, les permitieron llegar más tarde a la madurez. Pero, pasa lo contrario con los árboles que crecieron rápido en los primeros 25 años, ya que, según los científicos, murieron antes y liberando con anterioridad el carbono que atraparon de la atmósfera.

Sin embargo, Camarero plantea la posibilidad de que, a lo mejor, en un bosque más denso no podría darse el fenómeno de la correlación entre longevidad y desarrollo lento. En estas zonas, los árboles deben competir desde jóvenes por acaparar luz, suelo y recursos. Por lo que, dice, los árboles que presentan un crecimiento acelerado, puede tener más esperanza de vida.

No obstante, Camarero no descarta que este fenómeno, estudiado en España y Rusia, se presente en otros ecosistemas.

 

 

Fuente: El Espectador